Una joven argentina, empleada de comercio de 25 años, quien es el sostén de su familia, quiso dar por terminado un añejo problema derivado de la sensibilidad de su piel muy blanca y, por recomendación de una dermatóloga que la trataba, concurrió al estudio de otra profesional del ramo con el objeto de practicarse una depilacion permanente.

Un oneroso tratamiento que se realiza con rayos láser y que demanda entre 10 a 20 la sesiones, a razón de $500 cada una. Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba.

Andrea Luziaga, una joven alta y de buena figura: la especialista que le realizaba las aplicaciones le produjo 19 quemaduras irreversibles en su pierna izquierda, las que ya cicatrizadas forman dos hileras de 19 rectángulos rojizos en sobrerrelieve.

El caso de Andrea es especial porque ella es una chica diferente: pese a su juventud, es el sostén de su hogar y se halla a cargo de un tío discapacitado mental de 42 años, de una abuela de 84 y dos pequeños hermanos de 14 y 12.

Su madre los abandonó hace ocho años y su padre se fue a vivir a Buenos Aires, donde trabaja como taxista y cuando puede, les manda alguna ayuda.

“Yo tengo la piel muy blanca y delicada -contó-, por ello es que cada vez que me depilaba por los métodos tradicionales, quedaba totalmente irritada, sembrada de puntos rojizos. Ante esa realidad, decidí seguir el consejo de una dermatóloga y concurrir al estudio de una de sus colegas, supuestamente especialista en la depilacion con rayos láser, una técnica que consiste en quemar el bulbo donde se alojan las raíces de los pelos.

Fui a ver a esta persona, Perla A., quien comenzó a atenderme. Me dijo que en 10 ó 20 sesiones todo estaría finiquitado. Pero sólo alcancé a ir a tres, ya que en la última se me produjeron las terribles quemaduras. ‘¡Nunca me había pasado esto!’, me dijo Perla A., quien, sin embargo, me indicó un tratamiento con pomadas, todas ellas muestras gratis que les dejan los visitadores médicos. No podía caminar, no me podía vestir: los ardores y dolores eran insoportables. Estuve 31 días con certificados de incapacidad laboral.

Han pasado 10 meses y pese a que ya no tengo supuraciones y el ardor ha menguado, las marcas me quedaron. Y no sólo eso, los vellos me siguen creciendo igual que antes, de modo que deberé recurrir nuevamente a la depilacion tradicional, aunque no me atrevo. La referida Perla A., se desentendió hace unos días de mí. ‘No te quiero ver más’, me dijo. Y cuando le pregunté qué iba a pasar con estas cicatrices, me respondió: ‘Qué sé yo, no es cosa mía’. Indignada le dije que recurriría a la Justicia, pero pareció no molestarse. ‘Hace lo que quieras’, me contestó. Estoy indignada, desesperada y humillada. Pero esto no va a quedar así”, puntualizó la muchacha.

in Contexto.com.ar